Estrella de Diego es ensayista y Catedrática de Arte Contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid y ha sido profesora invitada en numerosas universidades españolas y extranjeras. Entre otras ha ocupado la Cátedra King Juan Carlos I of Spain of Spanish Culture and Civilization en la New York University (1998-99). Su investigación se centra en la teoría de género, los estudios visuales y poscoloniales y los orígenes de la Modernidad. En la actualidad es columnista habitual del diario El País y dirige la Serie Azul Mínima de la Editorial Siruela.
“ECHARSE A LA CALLE”
Para Estrella de Diego el arte brasileño de los años 60 no se limita a bucear en el arte nuevo, sino que supone un cambio profundo que pone en evidencia las contradicciones del discurso occidental, rompe las barreras del arte de occidente y da un salto conceptual con implicaciones a largo alcance para el arte, la cultura y la vida en general.
Si hasta entonces la historia del arte no había tenido en cuenta el arte de la “periferia”, a partir de la década de los 60 del pasado siglo, se comienza a tener en cuenta a los artistas de Latinoamérica. Brasil, concretamente, surge como un caso a parte en la dinámica del continente, comienza a cambiar en muchos aspectos. Y mucho tienen que ver las mujeres artistas en el giro que se da en las artes plásticas. La producción femenina se incluye en el discurso de la historia del arte en mayor medida que en otros países del entorno y escapan a ciertos modos de cliché excepcional.
Las artistas brasileños, especialmente Lygia Clark, Lygia Pape, Nazaret Pacheco, Nicola Constantico –argentina-, Valeska Soares…, marcarán con sus postulados el arte contemporáneo de Brasil, buscando el desplazamiento y la deconstrucción de los conceptos de obra de arte, de artista, surge una nueva relación obra y espectador; conceptos que se irán transformando de manera individual y en sus interrelaciones. Estas artistas se acercan a las nuevas tecnologías, toman nuevos soportes y participan activamente en el nuevo ambiente plástico que se impone: acciones urbanas –happening, cuyo creador fue el norteamericano Allan Kaprow-, manifestaciones, firma de manifiestos, etc., para realizar una fuerte crítica social al sistema. Sus obras tienen muy poco del arte al uso y hacen reflexionar sobre el valor de las obras de arte, sujeto a tantas cosas fuera de ellas mismas.
El arte sale del museo a la calle e implica al espectador. Surge el happening que incorpora la teatralidad al arte, integra arte y vida. Se lleva a cabo fuera del museo y se hace en un espacio y tiempo determinado.
De esta manera se hace un arte más activista con nuevas necesidades y plantea nuevos conceptos. El cuerpo se convierte en soporte de la obra. Es un arte para tocar y ser tocado, en el que además de lo visual adquieren importancia todos los sentidos, el olor, lo táctil o el sabor. El espectador forma parte de la obra de arte y el azar juega un papel importante, no se sabe lo que va a suceder en la acción, es la acción misma la que se va improvisando según interacciona con el espectado. De esta manera, el espectador pasa a ser un elemento activo de la obra. Un ejemplo claro lo tenemos en Félix Gonzáles Torres, que viene a cuestionar el propio concepto del arte, proponiendo una obra efímera, que no firma, que no numera y que con sus propuestas lo que hace es que el espectador acciona llevándose parte de la obra, de esta manera es él quien la va construyendo y reconstruyendo en cada momento. Surge también la acción en la naturaleza, el Land Art. Se toma conciencia de la necesidad de conservar la naturaleza y actuar sobre ella.
El arte, en definitiva, sale del museo y se hace en espacios diferentes y se manifiesta de muchas y variadas formas. Se abre una nueva manera de expresar y de sentir el arte.
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