Al leer la programación de la asignatura, la primera idea que se me ha venido a la mente es la de que la formación en general, es básica en la vida para saber “mirar”, analizar y comprender el mundo que nos rodea.
Aunque la programación es densa en contenidos, y será difícil reflexionar de manera profunda sobre cada uno de ellos en un solo curso, nos deja una buena declaración de objetivos y todo un amplio marco de contenidos referenciales de las experiencias del arte del siglo XX. Quiero pensar que algunos de estos objetivos se irán cumpliendo y otros se deberán quedar impresos en nuestra “programación personal” con la idea de ir trabajando, reflexionando, aplicando y consiguiéndolos en el trabajo que vayamos realizando a lo largo del tiempo.
Pero, sin lugar a dudas, si nos encontramos en una facultad de bellas artes, es fundamental aspirar a una sólida formación, a tener un amplio conocimiento sobre el lenguaje plástico visual, a adquirir un claro compromiso con nosotros mismo y con nuestro trabajo. Conocer el lenguaje simbólico que representa el arte -organizado mediante diferentes formas de expresión: pintura, dibujo, escultura, fotografía, lenguaje corporal, etc.-, explicar los elementos que lo constituyen, analizarlos, identificarlos, encontrar nuevas relaciones entre ellos y aplicarlos en nuestros trabajos, así como en diferentes contextos, no sólo van a desarrollan nuestra capacidad de análisis y reflexión, nuestra curiosidad -que favorecen formas superiores de pensamiento-, sino que nos ayudarán a autoevaluar nuestro trabajo, ejecutarlo, disfrutar del “poder hacer”, fundamentar su elección estética y desarrollar una actitud crítica.
En ese sentido, creo que la programación de la asignatura cumple expectativas y nos abre el camino para seguir indagando, trabajando, investigando, creando actitudes que nos abran a la curiosidad, al reto y al proceso de conocimiento básico. Me parece muy interesante reflexionar y conocer lo que ha supuesto a lo largo del tiempo los 3 epígrafes en los se asienta la asignatura:
Aunque la programación es densa en contenidos, y será difícil reflexionar de manera profunda sobre cada uno de ellos en un solo curso, nos deja una buena declaración de objetivos y todo un amplio marco de contenidos referenciales de las experiencias del arte del siglo XX. Quiero pensar que algunos de estos objetivos se irán cumpliendo y otros se deberán quedar impresos en nuestra “programación personal” con la idea de ir trabajando, reflexionando, aplicando y consiguiéndolos en el trabajo que vayamos realizando a lo largo del tiempo.
Pero, sin lugar a dudas, si nos encontramos en una facultad de bellas artes, es fundamental aspirar a una sólida formación, a tener un amplio conocimiento sobre el lenguaje plástico visual, a adquirir un claro compromiso con nosotros mismo y con nuestro trabajo. Conocer el lenguaje simbólico que representa el arte -organizado mediante diferentes formas de expresión: pintura, dibujo, escultura, fotografía, lenguaje corporal, etc.-, explicar los elementos que lo constituyen, analizarlos, identificarlos, encontrar nuevas relaciones entre ellos y aplicarlos en nuestros trabajos, así como en diferentes contextos, no sólo van a desarrollan nuestra capacidad de análisis y reflexión, nuestra curiosidad -que favorecen formas superiores de pensamiento-, sino que nos ayudarán a autoevaluar nuestro trabajo, ejecutarlo, disfrutar del “poder hacer”, fundamentar su elección estética y desarrollar una actitud crítica.
En ese sentido, creo que la programación de la asignatura cumple expectativas y nos abre el camino para seguir indagando, trabajando, investigando, creando actitudes que nos abran a la curiosidad, al reto y al proceso de conocimiento básico. Me parece muy interesante reflexionar y conocer lo que ha supuesto a lo largo del tiempo los 3 epígrafes en los se asienta la asignatura:
- DE LA REALIDAD A LA REPRESENTACIÓN
- DE LA REPRESENTACIÓN A LA AUTONOMÍA DE LOS LENGUAJES
- DE LA PINTURA A OTROS ESPACIOS: OBRAS ABIERTAS Y CONCEPTUALES.
A través de ellos, se nos resume el camino recorrido por la representación visual; un camino que va desde que observamos una cierta información proveniente del mundo exterior, hasta que se procesa en nuestra mente con vistas a la creación gráfica en el plano o en el espacio.
Termino con esta frase incluida en la programación: "El compromiso implica ideología ante la reflexión de la creación pictórica”.
Termino con esta frase incluida en la programación: "El compromiso implica ideología ante la reflexión de la creación pictórica”.
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